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LA DESPEDIDA

Las despedidas son siempre tristes, las personas se abrazan y en sus ojos hay cristales que enceguecen las miradas. Hay una pequeña inclinación del cuerpo, que antes se portaba con altivez. Y se llora la ausencia……

Ese era el pensamiento de las mellizas Carmen y Lucia, en el momento de despedirse de sus novios que partían a la guerra. En la estación de trenes, se divisa a las dos chicas que, fueron alzadas de la cintura para el último beso. Se casarían dentro de tres meses, tiempo suficiente para preparar el ajuar. Eso era lo que pensaban ellas, habían cosido y bordado camisas, manteles y sábanas que ocuparían una vez que empezaran la nueva vida, cuando se convirtieran en señoras. El matrimonio se efectuaría en el campo donde vivían sus padres, rodeados de una exuberante naturaleza. Ellas solo estudiaban en la ciudad, pero se conocían desde la infancia con Felipe y Marcial. Sería un doble matrimonio, cuya relación entre las parejas nunca había tenido altibajos, un camino liso y llano que los llevaría al altar. Las chicas habían terminado el Liceo Clásico y desde entonces solo les importaba coser y bordar, iban de paseo solamente con sus novios hasta que, comenzaron las revueltas y el país s transformó en un caos, a tal grado que ya no salían a ninguna parte, solamente a la misa dominical podían asistir con cierta seguridad, pero, llegó, la temida fecha de la partida de los novios. Eran tiempos convulsionados, había comenzado el conflicto más sangriento que Europa haya experimentado desde la Primera Guerra Mundial. Era el mes de Julio de 1936 y no fue hasta la primavera de 1939 cuando regresaron las tropas, que Felipe pudo casarse con Carmen, en cambio Lucia quedó desolada, su novio Marcial había fallecido en combate.

Milagros había ido a despedir a Joaquín quien le susurraba al oído: ”no me voy solo, llevo en mi mochila el aroma de tu pelo, el sonido de tu voz, tus besos y tus abrazos, y tu, te quedas con el recuerdo de nuestra historia de amor, hasta reencontrarnos” Milagros no pudo más con la emoción que la embargaba, las lágrimas cayeron por sus mejillas sin tratar de contenerlas. Se iba al frente de batalla, el amor de su vida, y ella quedaría esperando su regreso junto al bebé que estaban esperando. Debería enfrentar sola a sus padres, ellos no sabían que estaba encinta, tenían para ella grandes planes una vez que la guerra terminara, pero entre ellos no estaba el que su hija de diecisiete años se casara aún, menos con un muchacho que no tenía donde caerse muerto, decían. Milagros dio a luz un ser hermoso igual a su padre. Durante esos tres años, Joaquín recibió las cartas de su amada y la foto de su hija en la medida que ésta crecía. Milagros se transformó en una mujer hábil y valiente, trabajando para el sustento de su hija sin recibir nunca ayuda de sus padres, ellos la echaron de su casa cuando la panza de su hija no pudo esconderse. Al regreso de Joaquín se fueron como refugiados a México, un país maravilloso que es actualmente su segunda patria. Allí trabajaron y se hicieron cargo de una imprenta de libros infantiles, que funciona hasta el día de hoy.

Esperanza coge las manos de Pedro, su marido sin querer soltarlas. Ellos están recién casados, y aunque se despiden sin saber cuando se encontrarán nuevamente, el destino les tenía preparada una sorpresa. En pleno campo de batalla, llegó Esperanza en una misión de la Cruz Roja, ella como enfermera a pesar de lo tormentoso del ambiente, no temblaba ante las heridas de los republicanos que llegaban para ser curados. Allí llegó malherido Pedro, no podían dar crédito a sus ojos, había transcurrido tanto tiempo y finalmente se reencontraban en ese lugar. Pedro estaba malherido, perdería un brazo, pero eso no fue impedimento para que ambos se casaran en plena guerra.


Pié Forzado: CAMPO – TORMENTOSO – HIPNOTICO – CORDILLERA – NATURALEZA




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