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MI BARRIO

Cuando todas las niñas y niños salían de Santiago para pasar sus vacaciones en el campo o en la playa, yo venía a pasar quince días con mis padres y mi hermano en la capital. Era la época de mi adolescencia, cuando tengo los recuerdos más grabados en mi memoria, porque en el barrio nos juntábamos alrededor de 10 chicos y chicas, jugábamos a “Las Naciones”, al “Alto”, a las “Escondidas” o a hacer algunas competencias en bicicletas o en patines.

Había siempre “alguien” que me buscaba durante las escondidas pero ese no me gustaba, en cambio me gustaba otro que nunca me buscaba.

Cuando jugábamos al Alto su nombre siempre salía de mi boca sin que me lo propusiera, y cuando hacíamos competencias en los patines yo trataba de estar siempre a su lado, cuando él me distinguía por algo yo regresaba a mi casa con una sonrisa estampada en mi rostro.

En las tardes íbamos a la Iglesia cercana a jugar ping-pong porque todos pertenecíamos a la Acción Católica, y allí lo pasábamos muy bien. Teníamos reuniones con un sacerdote que en ese tiempo era nuestro Director Espiritual. Asistíamos a misa los Domingo y si había alguna procesión, estábamos siempre presente. También organizábamos paseos al Cerro San Cristóbal en donde hacíamos pic-nic y cantábamos, mientras algunos tocaban la guitarra. Allí nos juntábamos con otros chicos y chicas que vivían al otro lado de la avenida, recuerdo a las hermanas Riquelme, a Pedro y a Samuel.

En mi calle vivía mi amiga Fanny, era hija de un artista español, él hacia trabajos muy hermosos en madera que luego exponía y vendía. Su mujer era una señora muy alegre y simpática que salía todas las mañanas a hacer muchas diligencias y que regresaba tarde en la noche, mi amiga se encargaba de su papá, de su hermanito minusválido y de la casa en general, pero lo hacía con tanta alegría que más que una carga parecía que estaba realizando alguna obra de arte cuando pasaba virutilla y enceraba los pisos de su casa. Se rumoreaba que la señora tenía un amante. Fanny era de estatura pequeña pero de una tremenda personalidad, me enseñaba a bailar la “jota” lo que practicábamos diariamente.. Un día la señora no regresó nunca más a su casa. Los padres finalmente se separaron. Fanny se fue a vivir a España con su hermano al fallecer su padre, allí se casó y se separó, tiene una hija preciosa.

Frente a mi casa vivían los hermanos Cifuentes: Silvia y Alfredo, muy rubios ambos y muy bien parecidos, ellos sabían que despertaban la admiración entre los amigos y se aprovechaban bastante de su encanto. Su padre era el único en la cuadra, que poseía un auto del que estaban muy orgullosos los hijos y la esposa, ella pasaba siempre con la nariz en alto sin saludar a los vecinos. Silvia se casó con un árbitro de fútbol y se fue a vivir a Panamá, su hermano Alfredo se casó con una linda china con la cual tuvo dos hijos preciosos de ojos azules rasgados, falleció en el sur después de muchos años de sufrir la enfermedad de parkinson.

Cerca de ellos vivían los Alonso, eran cuatro hermanos varones y el padre les había puesto Alonso a todos como su primer nombre, nunca supimos por qué, él no se llamaba así. Eran muy buenos deportistas, jugaban Básquetbol con mi hermano y otros jóvenes del barrio, durante los campeonatos de barrio, nosotros participábamos en la barra.

En la casa esquina de la cuadra, vivía mi amiga Sigrid y su hermano menor Carlos, éste era amigo de mi hermano quién era dos años menor que yo. Ella era la “matea” del grupo, la más seria y la que más sabía de las materias que nos pasaban en secundaria. Alta de pelo negro y delgada, era muy solicitada por los varones del grupo para ser su pareja en los campeonatos que organizábamos. Ella llegó a ser maestra, después de estudiar en la Escuela Normal, la enviaron a Valdivia en donde se casó y tuvo a sus hijos. Recuerdo que algunas veces salíamos las dos a la matiné, en ese tiempo todavía se usaba que las niñas vistieran calcetines y falda plato. Yo había comprado un par de medias nylon que escondía hasta llegar a su casa y ponérmelas antes de salir. Al regresar a casa me tenía que poner de nuevo mis calcetines.

En la cuadra siguiente vivía Ramón, un muchacho alto y muy parecido a Yul Bryner que a mí me gustaba mucho. Su hermana Maruja era mi amiga, vivian con su madre viuda, una señora silenciosa y enjuta que tocaba hermosas melodías en el piano, Maruja y yo siempre practicábamos, ella porque quería aprender y yo porque quería estar cerca de Ramón. El, se dejaba querer entre Silvia y yo, así fue durante muchos años, hasta que finalmente se decidió por mí, cuando era un orgulloso cadete de la Escuela Militar. Con los años ambos tomamos caminos diversos, y durante la Dictadura Ramón pidió su baja, nunca se repuso de las atrocidades que sus compañeros de armas hacían. Se enfermó y falleció rodeado de sus familiares, su mujer y sus hijos en una parcela que había comprado años atrás lejos de Santiago. Su hermana María sigue siendo mi amiga hasta el día de hoy.

En el negocio de la otra esquina, vivía Omar con sus dos hermanas, una de nuestra edad y la otra chiquita aún. Omar había entrado a estudiar a la Escuela de Carabineros y se veía imponente en su traje debido a su físico y a su intensa mirada verde. .Su hermana Patricia se fue a vivir a los Estados Unidos y luego se llevó a su hermana menor. Omar que era quién me perseguía, se jubiló en Carabineros, se casó tres veces, me lo encontré hace algún tiempo y me contó que tiene 10 hijos, producto de sus tres matrimonios.

Frente a este negocio había un restaurant atendido por los tres jóvenes hijos del dueño: Armando, Benjamín y Leo. Allí celebrábamos los cumpleaños con la anuencia del dueño del negocio, que nos regalaba los helados. Al fallecer el padre los hijos siguieron atendiendo y fortaleciendo el negocio. En este momento es un próspero negocio y posee casi la calle completa, se transformó en un restaurant turístico.

Cerca había un Bar, su dueño el señor Sebastián, tenía dos hijos: Sergio y Sebastián. Su madre pasaba largos períodos enferma, la recuerdo siempre en cama, y a los hijos atendiéndola. El menor participaba en uno de los Ballets Folklóricos más famoso de Santiago.

En la calle de atrás vivían Juan y su hermano Polo quienes también participaban con nosotros, ellos eran muy obedientes de su padre, cuando éste los llamaba jamás les gritó, solamente se paraba cerca y ellos sabían que tenían que regresar a su casa. Su padre era profesor y la mamá dueña de casa. De adulto, Juan se fue al exilio, a Finlandia en donde se quedó con su mujer y sus 4 hijos. Su hermano falleció en un accidente, también sus padres, estuve con él durante los funerales. Regresó muy triste a Finlandia que es su país de adopción, allí crecieron sus hijos y ahora sus nietos. Esa es también su patria.

Terminadas las vacaciones de invierno todo volvía a la normalidad, yo me regresaba a mi fría ciudad de San Fernando no sin antes prometer lo que nunca cumplí, escribir a mis amigos, sin embargo nunca los he olvidado, ellos están siempre presente en mis pensamientos.



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